Que tres de cada 10 universitarios presenten síntomas severos de depresión no es una anécdota estadística ni un problema individual, es una señal de alarma social. Detrás de estos números obtenidos a través de una investigación del Consorcio de Universidades y de casos registrados en el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado, hay un malestar profundo que no se explica solo por fragilidad emocional, sino por las condiciones estructurales en las que hoy viven los jóvenes. Durante años se repitió que esta sería la generación con más oportunidades, más información y más libertad que nunca. Sin embargo, es también una de las más ansiosas, insatisfechas y emocionalmente exhaustas.