La luz siempre fue intangible, rápida y esquiva. Ahora, por primera vez, se ha quedado “quieta”, ha tomado forma y ha empezado a comportarse como algo sólido. La física no estaba preparada para esto.

En un laboratorio, los físicos han conseguido que la luz adopte una estructura ordenada como un cristal y, a la vez, fluya sin fricción como un superfluido. Suena a contradicción, pero es real. Y podría cambiar para siempre nuestra forma de entender la frontera entre materia y energía.