EL desánimo que produce opaca la auténtica dimensión de la miseria que acumula la imagen de María Corina Machado forzando una sonrisa ante la satisfacción de Donald Trump, que atenaza con ambas manos la medalla del Nobel de la Paz al que se hizo acreedora la tenaz opositora venezolana. Se diría que la mano que apenas apoya en el marco la que ha sido reserva ética de las esperanzas de democracia para Venezuela es el inseguro gesto de aferrarse al salvavidas que permite a ese sueño seguir flotando en la corriente cuya dirección sigue sin poder determinar la ciudadanía soberana.