Los expertos advierten, no existen soluciones mágicas para perder peso ni “trucos detox”. Este enero, los bulos sobre salud se disparan en redes sociales y pueden poner en riesgo tu salud. Cada mes de enero, tras los turrones y los brindis, llega el clásico “este año me pongo a dieta”. Las búsquedas de cómo bajar de peso rápido se disparan en Google y TikTok se llena de vídeos con títulos como “la dieta del huevo”, “pierde 10 kilos en 30 días” o “alimentos con cero calorías”. El problema no está en querer cuidarse, sino en creer que todo lo que vemos en redes es verdad. Los expertos lo advierten, los bulos sobre salud y alimentación aumentan cada año tras la Navidad, aprovechando ese momento de culpa colectiva. Son mensajes que apelan a la emoción, al miedo o a la urgencia. “Te prometen resultados milagrosos, te hacen sentir mal con tu cuerpo y luego te venden la solución”, explica Javier Cantón, docente e investigador en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), especializado en desinformación e inteligencia artificial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 2% y el 28% de las publicaciones sobre salud en redes sociales contienen información falsa o inexacta, dependiendo del tema. En YouTube, hasta un 30% de los vídeos sobre enfermedades nuevas pueden ser engañosos. Durante la pandemia, más del 25% de los vídeos más vistos sobre la COVID-19 contenían información falsa o manipulada. Además, los rumores sobre enfermedades como el Zika o la COVID se compartieron tres veces más que las noticias verificadas. El algoritmo prioriza lo que genera reacción, lo emocional, lo impactante, lo que nos hace compartir sin pensar. “Los bulos juegan con la emoción, con lo que más nos preocupa”, explica Cantón. “Después de las fiestas todos queremos sentirnos mejor, y ahí es donde más fácil resulta caer”. Cómo reconocer un bulo de salud El experto de la UNIR resume cuatro señales claras para detectar información falsa: Apela a la sorpresa o a la urgencia. Si algo promete “curarte en 10 días” o “revelar lo que nadie te cuenta”, desconfía. Va contra el sentido común o la evidencia científica. “El agua deshidratada” o las “pastillas que eliminan grasa mientras duermes” son ejemplos absurdos que, sin embargo, se viralizan. Proviene de fuentes sin acreditar. Desconfía de perfiles que no citen estudios, médicos o instituciones. Busca venderte algo. Si el vídeo termina con un “link de compra” o un “curso milagroso”, lo más probable es que no busque tu bienestar, sino tu dinero. “Debemos cuidar también nuestra dieta informativa”, añade Cantón. “Así como vigilamos lo que comemos, tenemos que vigilar lo que consumimos en redes. Informarnos a través de fuentes solventes, como medios de comunicación contrastados o instituciones científicas, es clave”. Un problema de salud pública La OMS considera la desinformación en salud una amenaza global equiparable al tabaco o la mala alimentación. Y no es una exageración. Durante los últimos años, se han documentado casos de personas que han sufrido daños graves por seguir terapias falsas, desde ayunos extremos hasta tratamientos “naturales” que les hicieron abandonar medicación real. En España, el Ministerio de Sanidad y organismos como Maldita Ciencia o Salud sin Bulos han creado programas de verificación y educación digital para combatir estos engaños. El objetivo es claro, frenar el impacto que los bulos tienen en decisiones médicas reales, especialmente en jóvenes y personas mayores. Educación y pensamiento crítico, la mejor vacuna La solución no pasa solo por borrar vídeos o castigar plataformas. “La clave está en educar en pensamiento crítico desde la escuela”, afirma Cantón. “Hay que enseñar a los jóvenes a contrastar, a dudar, a no compartir sin leer. Igual que enseñamos educación física o nutrición, debemos enseñar alfabetización mediática”. Desde la UNIR, el investigador riojano coordina proyectos que estudian cómo la inteligencia artificial puede ayudar a detectar y frenar bulos, pero también cómo puede usarse para educar mejor. “Estamos trabajando en sistemas que identifiquen patrones de desinformación y ayuden a las personas a distinguir lo fiable de lo dudoso”, señala. “La IA no es el enemigo; puede ser parte de la solución”. Al final, como resume Cantón, “no existen soluciones fáciles a problemas complejos”. Si un vídeo de 15 segundos promete curarte, adelgazar o rejuvenecer sin esfuerzo, ahí tienes tu señal de alerta. Cuidar tu cuerpo y tu mente lleva tiempo, constancia y apoyo profesional. Ningún influencer, por muy convincente que parezca, puede reemplazar el consejo de un médico o un nutricionista. Y antes de darle al botón de compartir, piensa: ¿Esto ayuda o confunde? ¿Estoy mejorando la salud pública o contribuyendo al ruido digital?