España ha entrado en una fase política tan previsible y ridícula como preocupante: cuando el poder se siente acorralado, fabrica ruido. Y cuando ese ruido necesita un rostro reconocible, mejor si es famoso, simbólico y funcional. De ahí la súbita obsesión con Julio Iglesias, convertido en el antagonista perfecto de un relato que no busca … Continuar leyendo "No es Julio, es Pedro ¡y lo sabes!"