La primera película que Jafar Panahi dirigió tras pasar siete meses en la temible prisión de Evin (Teherán) en virtud de una sentencia a seis años de cárcel y 20 de prohibición de hacer cine que pesaba sobre él desde 2010 -se lo condenó por atentar contra la seguridad nacional y producir propaganda contra la República Islámica- fue ‘Un simple accidente’, posiblemente la más explícitamente agresiva y desafiante hacia el régimen de los ayatolás de todas las de su filmografía, y ya es decir.