Dijo Mahatma Gandhi que «un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales». Con esta premisa, la Región de Murcia se puede juzgar, este 17 de enero, como oasis de amor incondicional recíproco. Amor del bueno en el exterior de la ermita de San Antón, en la capital, y en la parroquia del mismo nombre, en la ciudad portuaria, donde una marabunta de humanos se acercó para llevar, como manda la tradición, a la mascota, al amigo de cuatro patas, al peludo, al miembro de la familia, al que «solo le falta hablar», a que lo bendigan en la fecha en la que popularmente ya se acaban las Pascuas.