La afición del Real Madrid ha dictado sentencia en antes de que empezara el partido contra el Levante. El estadio Santiago Bernabéu ha recibido a varios de sus jugadores con una sonora pitada como muestra de descontento por la temporada. El pódium de los señalados lo han encabezado, por este orden, Vinicius Jr., Jude Bellingham y Fede Valverde. Otros como Camavinga también han recibido abucheos, mientras que Tchouaméni ha sido recibido con silencio. El brasileño ha sido el centro de la ira de la grada, un hecho que no ha sorprendido en el análisis de 'Tiempo de Juego'. La opinión del periodista Paco González es que la reacción del público es comprensible: "La gran bronca para Vinicius, y me parece normal". El principal motivo de este enfado sería la actitud del jugador, y en particular, un gesto reciente que fue calificado de "horrible". La polémica se centra en la despedida de Xabi Alonso, con quien Vinicius ha tenido una relación tensa. El director de Tiempo de Juego afeó al jugador no haberse despedido públicamente y de forma sincera de su ya exentrenador, un gesto de caballerosidad que se considera mínimo para "representar con dignidad tu camiseta", más allá de los problemas que hubieran tenido. Este episodio se suma a otros que, según el programa, denotan una actitud cuestionable. Se ha recordado cuando, supuestamente, el club le pidió no asistir a la gala del Balón de Oro y él obedeció, en lugar de apoyar a su entrenador, nominado a mejor técnico del mundo y clave en su progresión de "expectativa" a estrella mundial. Junto a Vinicius, Jude Bellingham y Fede Valverde han completado el trío de los más abucheados por la afición. El caso de Eduardo Camavinga es particular, ya que se apunta a que su enfado responde a una "sinergia con Vinicius", una lealtad de amistad que el comentarista ha tachado de ingenua: "Hay que ser bolo". Para ilustrar esta situación, se ha recordado un episodio histórico del Real Madrid con Luis Enrique y Míchel. Entonces, Luis Enrique "hizo piña" con los agraviados por el técnico Jorge Valdano, pese a que él estaba jugando en el puesto de uno de ellos, en un paralelismo sobre lealtades mal entendidas.