Los posos del café, las peladuras de patata, los restos del pan duro... Son basuras que pueden dar vida, y convertirse en abono de lujo para la tierra de nuestras macetas o del huerto, por ejemplo. En el ámbito urbano son residuos destinados al contenedor marrón, el de orgánica, y también a los compostadores domésticos o a los comunitarios que vecinos comprometidos con el Medio Ambiente gestionan en barrios como San Jorge, o en Sarriguren, por ejemplo. Pero en zonas rurales donde no hay quinto contenedor, muchas familias o se lo dan a las gallinas o los convierten en su propio compost, un auténtico oro negro en su jardín. Un tesoro que, además, desde este año, cuando se cumplen dos décadas desde que se pusiera en marcha el compostaje en la Comarca, se va a plasmar en el recibo de los residuos: 20 euros menos van a pagar los que hagan compostaje comunitario y 30 menos, los que hagan en sus domicilios.