Los microestados son una de las muchas peculiaridades que tiene Europa. Cada cuál tiene su estatus y su idiosincrasia, no es lo mismo San Marino que Lichtenstein o Luxemburgo. Pero si hay uno especialmente distinto ese es la Ciudad del Vaticano, la Santa Sede. Hoy, su jefe de estado, el Papa León XIV, ha recibido al jefe de estado de otro microestado muy peculiar, Alberto II de Mónaco, un fijo en las revistas del corazón de Francia y de Europa, por su vida amorosa que sin duda le caracteriza ante la mayoría de la gente. Sin embargo, Alberto de Mónaco es mucho más que un personaje de las revistas y los programas de la prensa rosa, Alberto es un católico convencido que, entre otras cosas, ha vetado una ley liberalizadora con la interrupción voluntaria del embarazo. En su conversación con el Papa se han tratado temáticas tan variadas como el medio ambiente, la solidaridad humanitaria y la defensa de la dignidad humana. También se ha reunido con el Secretario de Estado Pietro Parolin, con el que han tratado algunos de los asuntos más acuciantes de la geopolítica.