Agustí Cortés, obispo emérito de Sant Feliu de Llobregat: "Mientras no lleguemos a lo esencial no habrá ni vocaciones ni evangelización eficaz”

El obispo emérito de Sant Feliu de Llobregat, Agustí Cortés, ha abogado por que la Iglesia regrese al núcleo del Evangelio para favorecer las vocaciones. Al recordar su propia experiencia educativa, Cortés subraya la importancia de la sintonía entre familia y escuela. “Mis padres estaban muy relacionados con el colegio, y esta coincidencia, este margen de sintonía, se daba perfectamente”, afirma en una entrevista concedida al programa 'Eméritos' de TRECE. Frente a un contexto actual que considera “menos coherente”, el obispo emérito de Sant Feliu de Llobregat reconoce que el Señor sigue llamando, pero que escuchar esa llamada es hoy más difícil. En este sentido, recuerda una reflexión compartida con su hermano Manuel, General de los Marianistas: “Siempre sostenía que hoy una vocación es un milagro, pero un milagro propiciado por una coherencia entre la educación familiar y la educación en el colegio”. Agustí Cortés es especialmente claro al analizar la crisis vocacional. “Hay que hacer pastoral vocacional con los padres antes que con los hijos”, asegura, lamentando que “la oposición de muchos padres a las vocaciones especiales de sus hijos o hijas es muy frecuente hoy”. Para el obispo emérito, las estrategias o los métodos no bastan si falta coherencia vital y testimonio. Preguntado por qué puede hacer mejor la Iglesia en el momento actual, Cortés no duda: “Hemos de volver a lo esencial”. A su juicio, lo esencial “suele estar revestido” y esos revestimientos terminan por deformarlo. “Mientras no lleguemos a lo esencial no habrá ni vocaciones ni evangelización eficaz”, afirma con rotundidad. Denuncia el riesgo de quedarse en lo superficial: “Irnos por las ramas, por las consecuencias, que no son falsas, pero no apuntan a lo que es el Evangelio puro y duro de Jesucristo, es un gran hándicap para la fe”. Esta llamada a lo esencial interpela, afirma, a todos: laicos, religiosos, sacerdotes y obispos. Agustí Cortés fue el primer obispo de Sant Feliu de Llobregat, una diócesis creada a partir de la de Barcelona. Lejos de grandes planes, optó por un estilo sencillo: “No implantamos a priori una estructura, sino que la vida misma nos lo fue pidiendo”. Esa forma de proceder ayudó a que las nuevas instituciones fueran percibidas “no como algo impuesto, sino como nacido de la vida”. Reconoce las dificultades materiales y jurídicas del proceso, como la creación de una nueva Cáritas, pero destaca que la relación con Barcelona fue siempre de “máxima colaboración y coordinación”. La conciencia diocesana, explica, se fue construyendo con el tiempo, a través de celebraciones, patronazgos y experiencias compartidas: “Sabíamos que eso tenía que ser a largo plazo”. Su etapa como obispo de Ibiza fue muy distinta. “Allí todo era más fácil porque era más familiar”, recuerda. La condición insular favorecía una fuerte conciencia de pertenencia y un trato directo: “Era muy fácil entrar en casa y sentirte en tu propia casa”. Su lema episcopal resume bien su espiritualidad: 'Benedixit, fregit, deditque' ('Bendijo, partió y dio'). Inspirado en una reflexión de Joseph Ratzinger sobre Hans Urs von Balthasar, Cortés lo explica así: “Somos nosotros a quienes Dios toma, bendice, parte en el sufrimiento, en la cruz y después reparte por amor”. En este sentido, el obispo emérito se muestra esperanzado ante ciertas señales entre los jóvenes, especialmente universitarios. Percibe “otra sensibilidad” y un redescubrimiento de la belleza. “Algunos llegan a descubrir esa belleza sin vincularla a su fuente”, matiza, recordando que para el creyente esa fuente es Cristo. El reto, señala, es “ir más allá de experiencias superficiales y penetrar en la fuente de las cosas”. Sobre la Iglesia en España, Cortés se muestra reconciliado, pero preocupado por un cierto olvido de lo ya aprendido. Advierte contra replantear como novedad cuestiones que ya fueron iluminadas, y reclama volver al catecumenado como “programa de fondo”: “Todo nace de una experiencia profunda de fe y no podemos olvidar ese origen”.