Perros inquietos, gatos asomando tímidamente desde sus transportines, conejos, algún que otro hámster y pájaros. Así amaneció este 17 de enero Churriana, convertida por unas horas en punto de encuentro de fieles muy especiales, todos ellos con cuatro patas —o plumas— que aguardan a recibir su bendición por el día de San Antón.