Imaginar la Lima de antaño, donde crecieron nuestros antepasados como tatarabuelos, abuelos y padres, permite dimensionar cuánto cambió la ciudad. Hoy, la capital ya no se expande horizontalmente, sino que crece hacia el cielo: condominios con edificios de quince pisos y una mayor planificación urbana forman parte del nuevo rostro de la Ciudad de los Reyes.