El límite de velocidad de 120 km/h, una referencia constante para los conductores españoles en autovías y autopistas, ha comenzado a desaparecer en cada vez más tramos de la red viaria. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto en marcha una estrategia que reduce la velocidad máxima a 100 km/h en puntos específicos, una medida que, sin ser una norma general, se extiende progresivamente. El objetivo principal detrás de esta decisión es claro: aumentar la seguridad vial y reducir la siniestralidad. La DGT está centrando sus esfuerzos en aplicar este nuevo límite en aquellos tramos que han sido identificados como de alta peligrosidad, ya sea por el mal estado del firme, por su trazado complicado o por otras circunstancias que elevan el riesgo de sufrir un accidente. Esta iniciativa se alinea con las recomendaciones internacionales en materia de seguridad. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) titulado 'Medidas recomendadas para mejorar la seguridad de la infraestructura vial' respalda esta línea de actuación al señalar que "reducir los límites de velocidad es una de las medidas más efectivas para disminuir la siniestralidad". Uno de los ejemplos más claros de esta medida se encuentra en la autovía AG-55, que conecta A Coruña y Carballo. En esta vía, la velocidad máxima se ha rebajado de forma permanente a 100 km/h en varios segmentos que presentan baja visibilidad o fuertes pendientes. Para garantizar el cumplimiento, la medida suele ir acompañada de la instalación de radares de tramo. El País Vasco también se ha sumado a esta política de seguridad. En la autopista AP-8, a su paso por Gipuzkoa, se limitará la velocidad a 100 km/h en hasta seis tramos considerados como puntos críticos. El fin es atajar de manera directa la concentración de accidentes en estas zonas específicas. Por su parte, Cataluña aplica un enfoque más dinámico y tecnológico en la AP-7. En esta autopista, la velocidad no es fija, sino que se adapta en tiempo real a las circunstancias del momento. Mediante sistemas de velocidad variable, el límite se ajusta según las condiciones del tráfico o la meteorología, siendo 100 km/h una de las velocidades más habituales en situaciones de alta densidad o mal tiempo. Aunque el código de circulación no ha sido modificado y mantiene el límite genérico de 120 km/h, la realidad en el asfalto está cambiando. La DGT ha optado por una estrategia quirúrgica, tramo a tramo, en lugar de una reforma legal a gran escala, concentrando los esfuerzos donde el riesgo es mayor. Esta tendencia confirma que los conductores deben prestar más atención que nunca a la señalización en la vía. La imagen del velocímetro marcando 120 km/h dejará de ser la norma en muchos trayectos, dando paso a un escenario donde los límites se adaptan para conseguir el objetivo final: carreteras más seguras para todos.