Un pueblo de Córdoba tiene la única 'iglesia transparente' del mundo y se puede visitar gratis

En el corazón del barrio de las Cantarerías, en Puente Genil , se alza hoy un curioso y singular monumento: la única 'iglesia transparente' del mundo. Se trata de la reconstrucción del volumen de la desaparecida ermita de Santa Catalina , un edificio emblemático de la localidad que fue demolido a principios de la década de 1970 y que ahora recupera su presencia histórica gracias a un proyecto innovador liderado por el arquitecto Francisco Gómez de Tejada . La instalación es de acceso gratuito y permite a vecinos y visitantes contemplar la forma original de la ermita como nunca antes se había podido. La ermita de Santa Catalina, según explica el arquitecto en su web, era una de las construcciones más antiguas de Puente Genil. Humilde en apariencia, dependía de la parroquia matriz de la Purificación, pero durante siglos prestó un servicio vital al barrio de las Cantarerías, actuando como iglesia, hospital y cementerio en épocas difíciles, como las epidemias que asolaron la población. El edificio estaba formado por una pequeña nave abovedada , rematada por una cúpula esférica de dimensiones reducidas, bajo la cual se situaba el presbiterio con el altar mayor y un retablo de madera. A lo largo de los años, la ermita sufrió diversas reformas, pero nunca alcanzó la protección patrimonial necesaria para su conservación. La falta de cuidado, unida a la necesidad de la Iglesia de desprenderse de propiedades difíciles de mantener, provocó su abandono y eventual demolición. Según explica Francisco Gómez de Tejada, arquitecto encargado del proyecto, «la idea surgió inspirada en el Franklin Court de Filadelfia , diseñado por Denise Scott Brown y Robert Venturi. Nuestra intención era recuperar el volumen de la ermita de una forma atractiva, asequible y respetuosa con el barrio». El proyecto ha consistido en levantar la volumetría general del edificio mediante una estructura metálica ligera , que permite situar el antiguo edificio en su emplazamiento original y ofrecer a los visitantes una experiencia visual única: caminar a través de la forma y el espacio de la ermita, sin muros ni techos , como si la iglesia estuviera flotando en el aire. «Esta solución devuelve al barrio de las Cantarerías la presencia de su elemento más importante durante siglos », señala Gómez de Tejada. «Minimiza en parte el agravio que supuso la pérdida de un patrimonio artístico e histórico tan significativo para nuestra ciudad».