El Consejo Mundial de Boxeo anunció el avance de un nuevo sistema de puntuación, probado durante cinco años y aplicado recientemente en el Boxing Grand Prix, que ahora entrará en una fase piloto de uno a dos años en peleas oficiales.El punto de partida es una autocrítica directa al modelo vigente. El tradicional 10-point must system establece que el ganador del round recibe 10 puntos y el perdedor nueve o menos. En la práctica, la mayoría de los asaltos terminan calificados 10-9, sin importar si fueron cerrados o completamente dominados. Un round ganado con un solo golpe limpio vale exactamente lo mismo que uno en el que hubo una superioridad clara y sostenida. Esa uniformidad, durante años, ha diluido el dominio real y alimentado la desconfianza en las tarjetas.Mauricio Sulaimán, presidente del CMB, lo explicó sin rodeos: “Es un sistema nuevo porque todos los rounds son calificados igual, 10-9. Tú puedes ver un round que un boxeador gana con un golpe y vale lo mismo que un round en el que el otro le dio una paliza”. La nueva propuesta no elimina el esquema tradicional, pero sí introduce una valoración cualitativa del round, que permite distinguir entre un asalto cerrado y uno claramente dominante. La intención es que esa diferencia tenga peso real en la lectura final del combate.El sistema fue utilizado de manera integral en el Boxing Grand Prix, torneo concebido como un laboratorio competitivo. Ahí se aplicaron criterios de dominio, se eliminó la posibilidad del empate y se priorizó la claridad en los resultados. “Se ha trabajado cinco años en él, lo usamos en el GP y dio un gran resultado”, afirmó Sulaimán. A partir de esa experiencia, el organismo considera que el modelo está listo para ser probado en funciones oficiales, antes de evaluar su adopción definitiva.La diferencia central entre ambos sistemas es conceptual. El actual premia la acumulación de rounds, aun cuando el dominio haya sido desigual. El nuevo busca reconocer cómo se gana cada asalto, no solo quién lo gana. No se trata de cambiar el boxeo ni de reescribir sus reglas básicas, sino de ajustar el lente con el que se interpreta la pelea, para que las tarjetas reflejen con mayor fidelidad lo que ocurrió en el ring.La propuesta se inscribe en una línea histórica del CMB: reformas que en su momento generaron resistencia y hoy son norma, como la reducción de las peleas de campeonato a 12 rounds. Entonces, como ahora, el argumento fue el mismo: proteger la integridad del deporte, aun cuando eso incomode intereses económicos o tradiciones arraigadas.El nuevo sistema no promete eliminar la subjetividad —imposible en un deporte juzgado por humanos—, pero sí reducir la distancia entre la percepción del combate y el resultado oficial. En un boxeo donde la credibilidad suele perderse en las tarjetas, el intento por transparentar la puntuación representa algo más que un ajuste técnico: es una apuesta por recuperar confianza.La puntuación volvió a colocarse en el centro del debate boxístico. No por una decisión escandalosa ni por una tarjeta incomprensible, sino por un intento formal de corregir una de las grietas históricas del deporte: la manera en que se juzga lo que ocurre arriba del ring.