La UE y Mercosur firman un histórico acuerdo de libre comercio

La Unión Europea (UE) y el Mercosur han sellado definitivamente un acuerdo de libre comercio que marca un antes y un después en las relaciones internacionales. La firma se ha producido este sábado en la sede del Banco Central de Paraguay, poniendo fin a 26 años de negociaciones y dando lugar a una de las zonas comerciales integradas más grandes del planeta, con un mercado potencial de 720 millones de personas. El pacto representa casi una cuarta parte de la economía mundial y promete transformar el flujo de bienes entre ambos continentes. El acuerdo ha sido rubricado por el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, y los cancilleres de los países miembros del Mercosur: Pablo Quirno (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Rubén Ramírez (Paraguay) y Mario Lubetkin (Uruguay). La ceremonia ha contado con la presencia de altos mandatarios como testigos de honor, entre ellos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y los presidentes Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay). La única ausencia notable fue la del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los principales impulsores del tratado. El camino hasta esta firma ha sido largo y complejo. Las negociaciones comenzaron formalmente en el año 2000 y, aunque se alcanzó un acuerdo político en 2019, el texto final no se ha cerrado hasta el 6 de diciembre de 2024. El presidente de Paraguay, Santiago Peña, cuyo país ostenta la presidencia semestral del bloque suramericano, ha destacado la importancia del momento. "Usamos con ligereza muchas veces los calificativos, pero hoy no es el caso, estamos ante un día verdaderamente histórico y largamente esperado por nuestros pueblos", ha afirmado. El mandatario paraguayo ha subrayado además el valor del consenso en un mundo convulso, señalando que "el camino del diálogo, la cooperación y la fraternidad es el único camino". Con este pacto, se unen dos de los mercados más relevantes del mundo, Europa y Suramérica, en un gesto que busca la prosperidad compartida. También han sido testigos de la rúbrica los mandatarios de Bolivia, país en fase final de adhesión al Mercosur, y de Panamá, que recientemente ingresó como Estado asociado. El núcleo del acuerdo reside en la progresiva eliminación de aranceles para aproximadamente el 90 % de las importaciones y exportaciones entre los dos bloques. Esta medida abrirá de par en par las puertas de un mercado suramericano, históricamente cerrado, a productos industriales europeos como equipos eléctricos, máquinas y automóviles. Por su parte, el competitivo sector agropecuario de los países del Mercosur, como Argentina y Brasil, se perfila como uno de los grandes beneficiados al acceder con mayor facilidad al mercado europeo. No obstante, el texto no ignora los posibles desequilibrios que puedan surgir de esta apertura. Para proteger a los productores locales de ambos lados, el acuerdo incluye salvaguardias bilaterales que permiten a las partes intervenir si se produce una alteración brusca de precios o un aumento desmedido en el volumen de un producto concreto. Este mecanismo busca garantizar una competencia justa y una transición ordenada hacia el nuevo modelo comercial, aunque no ha evitado las protestas de los granjeros europeos, que denuncian una competencia desleal. La firma del tratado llega en un contexto global marcado por la incertidumbre económica y el auge de políticas proteccionistas. En este sentido, Ursula von der Leyen ha afirmado que el pacto envía un mensaje "fuerte" al mundo frente a los aranceles y el aislamiento creciente. La necesidad de diversificar las cadenas de suministro, acentuada por la guerra comercial de Estados Unidos, la creciente dependencia de China y los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, ha sido un catalizador para que ambos bloques superaran sus diferencias. A pesar de la histórica firma, la entrada en vigor del acuerdo no será inmediata. El tratado aún debe superar diversos trámites parlamentarios y de ratificación a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, el optimismo es palpable y algunos países, como Brasil, esperan poder comenzar a implementarlo a partir del segundo semestre del próximo año, acelerando así la puesta en marcha de esta nueva era de cooperación económica.