Las recientes elecciones en Extremadura dejaron mensajes claros, que coinciden con el ambiente político que en general se respira: el PSOE se hundió (perdió casi la mitad de sus diputados) pero el PP no fue capaz de rentabilizar la presidencia de María Guardiola y, aunque creció un escaño, quedó lejos de la mayoría absoluta necesaria para gobernar en solitario o, al menos, con algo más de estabilidad. Podemos reverdeció, aunque de forma insuficiente. Y Vox se consolidó como tercera fuerza política, cada vez más cerca de ser en algunas regiones segunda.