La irrupción de la inteligencia artificial está planteando una paradoja nunca vista: nos encaminamos a un escenario de bonanza económica sin creación de empleo asociada. De hecho, más bien al contrario. Así lo sostiene Jon Hernández, experto en IA, quien alerta de la profunda transformación que afrontamos. "Estamos en un punto en que, como cualquier revolución tecnológica, esto va a traer mucho más trabajo. Pero por primera vez, más trabajo no significa más empleo, porque mucha parte del trabajo lo va a hacer la IA", señala. Este cambio de paradigma cuestiona los cimientos del mercado laboral y obliga a redefinir el propio concepto de trabajo. A diferencia de las crisis anteriores, esta no es de carácter económico. Hernández lo ilustra con un ejemplo contundente: "Si despedías gente, tu valoración bursátil bajaba. A día de hoy, si despides gente diciendo que es por IA, tu valoración bursátil sube". Esto refleja un mercado que premia la automatización por encima del empleo humano. El futuro se polariza: las empresas que integren la IA, como Nvidia, no solo sobrevivirán, sino que crecerán exponencialmente, mientras que las que no lo hagan, desaparecerán. Esto resultará en menos actores en el mercado y, por consiguiente, en menos empleados totales. Las consecuencias de esta división son directas. "Aquellos que apliquen IA se benefician, y habrá otra parte de la sociedad que simplemente no va a encontrar trabajo, porque no va a haberlo", sentencia Hernández. No se trata de un problema de falta de búsqueda, sino de inexistencia de oferta. Augura un futuro donde el acceso a un puesto exigirá un valor añadido muy superior, aumentando la competitividad por una cantidad menor de plazas disponibles. La buena noticia, si la hay, es que esta transformación se da en un contexto de auge económico. Los países verán crecer su PIB y las empresas aumentarán sus beneficios. "Las penas con pan son menos penas", afirma el experto, sugiriendo que esta bonanza podría facilitar la búsqueda de soluciones sociales. El principal desafío será un "problema más de distribución de riqueza y de crisis de propósito". El riesgo, advierte, es caer en sociedades con una desigualdad extrema, como las que se observan en países como Sudáfrica o México. Esa "crisis de propósito" nace de que muchas personas se definen por su profesión. ¿Qué ocurrirá cuando el trabajo ya no sea el eje central de la identidad? Hernández saca a colación un dato revelador: "el 70 % de los españoles odia su trabajo". Esto podría ser una oportunidad para que muchos encuentren un nuevo sentido en actividades que les apasionen, pero la transición es compleja y está llena de incertidumbre. El experto recalca la urgencia de los problemas inmediatos por encima de divagaciones futuras. "No puedes pararte a pensar en qué harás como vocación, cuando hoy tienes que seguir pagando la hipoteca", subraya. Para Hernández, la prioridad es actuar ahora, ya que las empresas ya están tomando decisiones. "Si me encuentro un trabajador mío que me dice 'yo paso de la IA', pues si te lo quitará, no, te lo ha quitado. Ya te puedes ir", afirma con rotundidad, definiendo la resistencia a la IA como un "cáncer en la empresa". En este escenario, tanto la clase política como el sistema educativo se están quedando atrás. Aunque España ha dado algunos pasos, como crear la primera agencia europea de supervisión de IA, el esfuerzo es insuficiente. "La IA tiene que ser una prioridad del gobierno español, y no lo es", sentencia Hernández, comparando la inversión gubernamental de 110 millones de euros con los contratos multimillonarios de las grandes tecnológicas. Apunta que mientras en EEUU o Europa la IA está en la agenda política, "aquí, yo aún no lo he visto". La situación en la educación es aún más crítica. "Estamos más cerca de prohibirla que de integrarla", lamenta. El sistema de evaluación actual, basado en memorizar conocimientos que ChatGPT ofrece en segundos, está obsoleto. Esto pone en jaque a todo el sistema, y los primeros que necesitan un cambio de mentalidad son los propios profesores, que a menudo perciben la IA como una amenaza. Hernández aboga por un replanteamiento profundo, citando el éxito de una escuela en Texas que se ha colocado en el top 2 % del país dedicando dos horas diarias al aprendizaje personalizado con IA y el resto a desarrollar habilidades blandas. Entonces, ¿qué hacer? La recomendación del experto es clara: no buscar una carrera con "salidas", sino "estudiar lo que te apasione y aplicarle inteligencia artificial". Ya sea música, abogacía o fontanería, la clave es integrar la IA para volverse "ultracompetitivo". Insiste en que la formación continua y siempre actualizada es imprescindible, pues los másteres universitarios tradicionales, con sus lentos procesos burocráticos, "se quedan obsoletos en dos días". El objetivo, concluye, es que toda la sociedad sepa "que va a llover" para que puedan decidir conscientemente si meten la ropa dentro o no.