El cáncer de mama triple negativo es uno de los más temidos por su gran agresividad y sus limitadas opciones de tratamiento. A diferencia de otros tumores mamarios, sus células no responden a las terapias hormonales convencionales, lo que complica su abordaje y favorece una progresión muy rápida, afectando con frecuencia a mujeres jóvenes. Ahora, un equipo de científicos del CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina) ha puesto nombre a uno de sus principales motores: la proteína ID4. Este hallazgo no solo desvela por qué este tipo de cáncer es tan virulento, sino que también abre una nueva vía para atacarlo directamente en su origen. La investigación, publicada en la prestigiosa revista NPJ Breast Cancer, se considera ciencia básica, un pilar fundamental para futuros tratamientos. “La investigación básica permite entender cómo funcionan las células tumorales y qué mecanismos moleculares hacen que un cáncer sea más agresivo”, explica la doctora en biología María Teresita Branham, una de las líderes del estudio. Para confirmar que la proteína ID4 era la “aceleradora” del tumor, los investigadores usaron la innovadora técnica de edición genética CRISPR-Cas9 para eliminarla en células tumorales. Como resultado, observaron que estas células perdían drásticamente su capacidad de multiplicarse y expandirse. El equipo fue un paso más allá y probó su estrategia en modelos animales. Al reducir los niveles de la proteína ID4 en ratones con este tipo de cáncer, comprobaron que no solo los tumores crecían menos, sino que, además, no llegaban a generar metástasis pulmonares, una de las consecuencias más graves de la enfermedad. Los científicos también han probado un compuesto experimental llamado AGX51, diseñado específicamente para buscar y degradar la proteína ID4. Al tratar a los ratones con esta molécula, el tamaño de los tumores disminuyó notablemente y se redujo su agresividad. Pero los efectos positivos del AGX51 no terminan ahí. El tratamiento logró reactivar la expresión del gen BRCA1, un conocido guardián del ADN que suele estar ‘apagado’ en los tumores más agresivos. Además, y de forma tranquilizadora, no se observaron daños en órganos ni otros efectos secundarios relevantes en los animales tratados. A pesar de los resultados alentadores, la doctora Branham se muestra prudente: “Si bien los resultados que hemos obtenido en modelos experimentales son muy alentadores, el camino que va desde estudios en células en cultivo y modelos animales hasta un tratamiento aprobado para pacientes suele llevar varios años”. La investigadora también recuerda que el cáncer de mama triple negativo presenta una gran heterogeneidad molecular, por lo que no todos los tumores podrían depender de la misma manera de esta proteína. El siguiente paso es “confirmar la eficacia y la seguridad del compuesto experimental en distintos modelos, optimizar la forma de bloquear ID4 y, recién después, avanzar hacia ensayos clínicos en personas”, detalla Branham. Este camino, aunque largo, es muy prometedor. El trabajo de la doctora Branham ya ha recibido un importante espaldarazo internacional: un subsidio de 150.000 dólares de la Fundación de Investigación del Cáncer de Mama (BCRF) y la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer (AACR). Un impulso que acerca un poco más la posibilidad de que este descubrimiento se traduzca, en un futuro, en nuevas estrategias terapéuticas para miles de pacientes.