«Mi universidad fue la calle» solían decir quienes tuvieron que buscarse la vida sin pisar un colegio porque sus circunstancias no se lo permitieron, que hace poco todavía era mucha gente. La pomposidad ñoña de la expresión no empequeñecía el mérito de tantos licenciados apócrifos, curtidos en la facultad del esfuerzo. Machado, vía Juan de Mairena, aconsejó desconfiar de ellos; a quienes llamó, con aceptado masculino genérico, autodidactos. Pero cuesta hacerlo, cuesta ponerles un pero. El tiempo ha pasado y aquella dura universidad de la calle tiene hoy un sucedáneo, bastante más asequible y menos exigente, que se llama Internet. Basta navegar un rato para tener la sensación -que de eso ahora se trata- de haberse enterado de lo que... Ver Más