Una comerciante del centro de San Sebastián ha estallado ante una práctica cada vez más habitual que convierte su negocio en un almacén improvisado. Con una tienda grande, un horario muy largo y sin cierre a mediodía, su establecimiento se ha vuelto el punto de recogida perfecto para los paquetes de compras online de su entorno. "Últimamente tengo complejo de taquilla", lamenta la empresaria, quien ve cómo su local es utilizado constantemente para recibir envíos ajenos, algunos incluso sin previo aviso. La situación se torna especialmente frustrante para la comerciante cuando la compara con el discurso generalizado sobre la crisis del pequeño comercio. "Se les llena la boca diciendo que hay que apoyar al comercio local y que lo estamos pasando fatal", critica. Sin embargo, percibe que las acciones de muchos no se corresponden con sus palabras, y lejos de recibir un apoyo real, siente que se aprovechan de su infraestructura y buena voluntad. La dueña del negocio lo tiene claro: "Esto no es apoyar, es que esto es usarlo, esto es aprovecharse". La empresaria recuerda que su negocio es su principal fuente de ingresos y el sustento de sus empleados. "Y en esta tienda trabaja gente, esta tienda es mi vida", subraya, poniendo de manifiesto el coste en tiempo y recursos que supone gestionar la paquetería de terceros. La recepción, custodia y entrega de estos paquetes interrumpe la operativa diaria de la tienda, un servicio no remunerado que, lejos de ser un favor puntual, se ha convertido en una carga. A pesar de su hartazgo, la comerciante matiza que su queja no nace de una falta de solidaridad. Asegura que no se niega "a echar una mano en un momento puntual", pero cree que es fundamental establecer unos límites claros para que la situación no sea insostenible. El mensaje que quiere transmitir es directo y sencillo: "Tus paquetes, tu casa". Su tienda, insiste, no es una extensión del servicio de mensajería de gigantes como Amazon. Finalmente, la dueña del establecimiento donostiarra abre el debate y busca conectar con otros profesionales del sector que puedan sentirse identificados. Lanza una pregunta al aire con la esperanza de encontrar respuestas y, quizás, soluciones colectivas. "A ti, que también tienes tienda, ¿también te pasa esto? ¿Dónde pones los límites? Cuéntame", concluye, convirtiendo su desahogo personal en un llamamiento a la reflexión sobre los verdaderos desafíos del comercio de proximidad.