Cuando el indignado burgués, un tipo raro que poco tiene que ver conmigo, se empeñó en que escribiera sus disparates allá por el año de gracia de dos mil y once, sus acontecidos tenían un aire de andar por casa en zapatillas. He tenido que volver a los orígenes para darme cuenta de que el mundo ha cambiado mucho en estos quince años, de tal forma que lo que era asunto local, circunscrito a la provincia, es tan irrelevante como la caza del gamusino. Ahora, a cualquiera, nos afectan más las tonterías de Trump que las de Barcala, por poner un ejemplo.