El religioso Felipe Berríos anunció su renuncia a la Compañía de Jesús, a la que criticó duramente por "alimentar el morbo y no especificar los hechos" sobre la investigación penal que enfrentó por abusos sexuales contra ocho denunciantes. Si bien Berríos fue sobreseído en uno de estos casos debido a la prescripción del ilícito y el Vaticano, posteriormente, revirtió las sanciones que impuso en su contra -entre ellas, la expulsión de los jesuitas- por considerar que faltaban antecedentes para acreditar los abusos, el religioso denunció el "escarnio público" al que fue sometido. "Hace tres años y nueve meses, como es de público conocimiento, comenzó uno de los momentos más duros de mi vida. Una persecución y un escarnio públicos que no le deseo a nadie", reza una carta escrita por él. "Antes de que yo conociera de qué se me acusaba y por quiénes, la Compañía de Jesús, a la que también pertenezco, hizo público un comunicado de prensa indicando con dureza que yo estaba suspendido de mi sacerdocio", reprochó Berríos. Asimismo, "en esos momentos de dolor y de bastante soledad, sin saber mucho de qué se me acusaba, se publicaron entrevistas y declaraciones y se emitieron programas en los medios de comunicación diciendo cosas tremendas sobre mí, las cuales dañaron profundamente mi alma. Se podrán imaginar el estado anímico, psicológico y espiritual en el que me encontraba", agrega. "Hubiese sido noble, justo y misericordioso que la Compañía hubiera especificado los hechos en vez de alimentar el morbo con sus omisiones, que, aunque hubieran sido involuntarias, me dañaron irreparablemente a mí y a mis cercanos", fustigó el religioso. "Para la Compañía, soy igualmente responsable de hechos que no cometí" Berríos afirma en el escrito que "el 22 de octubre de 2025 (...), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, después de un riguroso análisis de todo el material investigativo (...), concluyó definitivamente que 'no resulta la certeza moral sobre la comisión de los delitos imputados'". "Pero la decisión del Vaticano no dejó conformes a algunos de mis hermanos. El 24 de noviembre de 2025, el Presbítero General, reconociendo su sorpresa ante el fallo del Dicasterio, afirmó que acataba y respetaba la decisión (...), pero, acto seguido ordenó, una vez más con publicidad, 'atender a las personas que de alguna manera han sido vulneradas'" por las conductas que se le acusaron, denunció el jesuita. "He reflexionado mucho respecto a las últimas comunicaciones emitidas por la Compañía sobre este caso. Debo confesar que he pasado de la sorpresa a la resignación y del dolor a la molestia, y así un sin fin de sentimientos encontrados", señala. "Finalmente, esta carta es una respuesta formal al Presbítero Provincial, quien al notificarme del Decreto del Dicasterio -sin manifestar alegría o al menos alivio por el resultado a mi favor-, me comunica siete medidas disciplinarias, entre ellas restricciones a mi ministerio sacerdotal", denunció Berrios en su carta. "Después de casi cuatro años siendo enjuiciado públicamente y pese a la contundencia de los procesos judiciales penales ordinarios y eclesiásticos, para la Compañía de Jesús como institución, donde juré entrar y morir en ella, soy igualmente responsable de hechos que no cometí", reprochó el religioso. "No tengo rencor ni rabia, solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas. Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio (...), ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida", añade. "No puedo aceptar el ultimátum que me dio la Compañía tanto por lo desproporcionado de las medidas que me impone, como porque es evidente que se rompió la hermandad que existía entre nosotros. Les mando un abrazo afectuoso a todos mis hermanos jesuitas, y reitero lo que dije el día en que conocí la resolución final del Dicasterio: siento profundamente que la verdad me hizo libre", finalizó Berríos.