La excepcionalidad del debate en el Estado

La reunión entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo vuelve a presentarse como un acontecimiento excepcional. El hecho de que dos responsables políticos de los partidos con mayor representatividad en las instituciones del Estado se sienten a hablar no debería ocupar un lugar central en la agenda pública. Debería ser la tónica habitual. Que lo haga revela un fallo estructural: el sistema político español ha perdido la capacidad de integrar el diálogo como herramienta ordinaria. La política funciona a golpes de excepcionalidad. El problema no es coyuntural. La dinámica de bloques que domina la vida pública desde hace más de una década ha reforzado una lógica binaria que remite, inevitablemente, a la vieja imagen de las dos Españas.