Creo que lo que de verdad separa la admiración de la envidia no es la persona admirada —o envidiada—, sino la fragilidad de quien profesa una u otra. Ninguna en el primer caso; toda en el segundo. O al menos así lo siento yo, que practico ambas con una constancia que ya quisiera para otros menesteres. La entrada La envidia nunca es sana aparece primero en Zenda .