Deterioro ético

Hubo un tiempo en el que cuando un estudiante era castigado por alguna razón en la escuela su primer objetivo era que los padres no se enteraran. Si no podía evitarlo, a la corrección escolar se añadía entonces la reprimenda familiar, con mayor o menor intensidad según cada familia. Incluso la colleja formaba parte del catálogo de penas. El maestro, el profesor, siempre tenían razón. Entre otras causas porque las familias encomendaban a la escuela la responsabilidad de la instrucción como complemento del proceso educativo propio del ámbito familiar.