con fuego, música y sátira. Los demonios salen a la calle para recordar que el mal no desaparece, sino que se transforma, se multiplica y adopta nuevos rostros. No son únicamente figuras extraídas del imaginario religioso: son una metáfora viva de los miedos colectivos, de las tensiones sociales y de todo aquello que la comunidad necesita exorcizar a través de la burla y la fiesta.