De los grandes compromisos del Presidente varios quedarán archivados y aparentemente en el olvido: la dolarización, la implosión del Banco Central y la erradicación total de la inflación. Sin el aval del FMI ni de Estados Unidos, esos objetivos hubieran resultado inviables. Pero hay un punto que nadie puede discutirle: el superávit fiscal. En apenas dos años, el Gobierno revirtió un déficit histórico y ejecutó el ajuste más profundo desde el regreso de la democracia. La discusión pendiente es el costo político, social e institucional. Leer más