Los centros educativos están afrontando un invierno duro como consecuencia de la deficiente climatización o de las roturas de calderas. Y eso está ocurriendo tras dejar atrás unos meses de otoño y de verano que han sido todavía más insufribles, hasta el punto de provocar mareos en unas aulas en las que se ha impartido clase a más de 30 grados.