Fue conocer las acusaciones de acoso y agresión sexual contra Julio Iglesias y empezar a sonar en el imaginario colectivo "me gustan las mujeres, me gusta el vino" . De repente, más allá de los chascarrillos sobre su paternidad universal, nos caímos del guindo para sorpresa de nadie al conocer algo que en realidad nadie había tratado de ocultar. No solo estuvo siempre ahí ante nuestras narices, sino que lo interiorizamos tanto que se convirtió en algo así como el himno de la buena vida masculina . "Mujeres en mi vida hubo que me quisieron, pero he de confesar que otras también me hirieron. Pero de cada momento que yo he vivido saqué sin perjudicar el mejor partido ", dice la letra de esta canción escrita por los integrantes del Dúo Dinámico , Manuel de la Calva y Ramón Arcusa (este último, aparte de componer también 15 años tiene mi amor, ejem, gran defensor de Iglesias en los últimos días), con ese pegadizo estribillo incrustado por decreto social en nuestra memoria: "Y es que yo amo la vida y amo el amor , soy un truhan , soy un señor , algo bohemio y soñador ". Curiosa concepción de usar y tirar de las mujeres tiene quien canta estas líneas haciéndolas pasar por inofensivas o, peor, desconociendo el poder de la cultura (la música en este caso) para fijar el marco en el que nos relacionamos. Porque puede que las letras de ciertas canciones, esta de los truhanes en particular, no sean indicadores literales de posibles violencias pero, "como todo en nuestra sociedad y vida, sí son indicadores de las múltiples violencias machistas que las mujeres recibimos (igual que muchas de ellas son racistas u lgtbfóbicas) porque transmiten y muestran realidades y vivencias cotidianas", plantea a infoLibre la comunicadora y activista feminista Carla Galeote . Por eso mismo, continúa, "los cantantes más exitosos lo son gracias, en gran parte, a denigrar a las mujeres ", ya que "son muchas las personas que escuchan esas canciones y están de acuerdo con ese mensaje o les transmite alguna cosa". "Si estuviéramos en una sociedad realmente feminista e igualitaria , dichas canciones no serían populares y, además, generarían rechazo social", asegura, poniendo en valor la lucha del movimiento feminista para que ahora sí "veamos la misoginia que hay detrás de todas esas letras y representaciones de las mujeres y la sociedad". Este proceso, en su opinión, "como no puede ser de otra forma, ha ido progresando hacia un pensamiento más igualitario y feminista, si bien es cierto que aún queda mucho camino por recorrer". En la misma línea apunta Beatriz Gimeno , activista y feminista a favor de los derechos LGBT y de la mujer, para quien aunque "estas letras no sean indicadores necesariamente de violencia , sí lo son de otro mundo" y, desde luego, de un " machismo " que antes no se percibía con tanta clarividencia como ahora. "Y no es porque no sepamos lo que hay detrás de ellas, sino porque la mirada ha cambiado completamente", explica, remarcando que como consecuencia de eso también "ha cambiado la manera en que nos enfrentamos a cosas que antes nos parecían normales ". "Si vamos un poco más atrás, cosas que hace nada encontrábamos normales en la literatura o la música, ahora nos parecen difíciles de aceptar o, por lo menos, de un machismo insoportable ", apostilla a infoLibre , antes de que tercie Bárbara Tardón , doctora en estudios de género y experta en violencias sexuales, para plantear que sería demasiado superficial quedarse en la idea de que las letras de las canciones de Julio Iglesias nos están avisando de algo en particular, pues se trata de un asunto de mucho más calado social. Así lo explica a este diario: "Es fundamental que entendamos que el ejercicio y el sostenimiento de la violencia sexual a lo largo de la historia no solamente se produce porque existe un agresor que agrede y una víctima , sino porque también tenemos un sistema de ideas y una cultura de la violación que permite de manera simbólica que se sostengan y se justifiquen esas agresiones sexuales. El análisis de los productos culturales a lo largo de la historia nos está diciendo que a través de esas ideas también se está sosteniendo la justificación de una violencia sexual contra las mujeres". Tras incidir en la idea del cambio de mirada, recalca Tardón que "lo que no ha cambiado es la violencia ", que es la misma que "hace treinta, cuarenta o doscientos años". "Es una violencia sostenida en el tiempo", afirma. "Y mi hipótesis es que esa violencia es una de las cosas que permiten no solamente que un hombre como Julio Iglesias ejerza violencia, sino toda esa cultura de la violación, todo ese sistema de ideas, de representaciones culturales que, además, vienen de la mano también de todos los productos masivos , de los procesos de consumo masivo. Eso sí que nos condiciona como seres humanos y todos los estudios culturales hablan de eso". Es por ello que, para Gimeno, "no se trata de meter en la cárcel " a alguien por cantar una "tontería, una machistada , si detrás no hay violencia", pero precisamente para transformar el marco cultural es necesario que cambie la forma de mirar, pues así "luego llegan los reproches públicos, las llamadas de atención". "Yo soy anti censura, más bien creo en la fuerza de la sociedad en el sentido de que algunas canciones se dejen de hacer porque se vea que no gustan, que son criticadas. Tiene que haber un control social que se exprese en la crítica ", argumenta. Al mismo tiempo, Galeote señala que pasa lo mismo por ejemplo también con la comedia, pues " blanquear ciertos comportamientos disfrazados de humor, libertad de expresión o de que son mujeriegos o truhanes , hace que se normalicen actitudes muchas de las cuales rozan la agresión sexual y, además, alimentan el 'personaje' de quien interpreta esas canciones", como estamos comprobando estos días en el caso de, precisamente, Julio Iglesias, en cuyo cancionero queda plasmado un patriarcado que llega a ciertos sectores más conservadores de las nuevas generaciones. "Las canciones son importantes como lo son las películas o los libros: contribuyendo a un imaginario colectivo ", resume. "A un imaginario colectivo —prosigue— que normaliza la sumisión de las mujeres en el terreno sexual, o la cosificación , o mensajes denigrantes hacia nosotras y, aunque no creo que se trate de prohibir ninguna de esas cosas, sí que creo que si estuviéramos en una sociedad que realmente respetara a las mujeres, se establecería un límite social y natural que haría que dichos contenidos fueran desapareciendo, cosa que creo que a poco a poco va pasando". Advierte Tardón, eso sí, que "la cultura de la violación se va adaptando a los tiempos ", es decir, que esas letras que hoy nos parecen trasnochadas ( 'soy un truhan, soy un señor') se manifiestan ahora a través de " otros productos culturales que nos pasan desapercibidos , pero que siguen estando ahí también condicionando y amparando las propias agresiones sexuales". "Eso es muy importante tenerlo en cuenta. Por eso los productos culturales y las ideas son fundamentales, son otros campos de batalla , porque muchas veces creemos que solamente es combatir a los agresores, pero no", indica, antes de agregar: "Hay otro campo de batalla en las ideas también". Y todavía profundiza para terminar: "Eso forma parte de la batalla cultural, de las ideas en este caso. Ocurre en todos los casos de violencia sexual, ya no solamente en el caso de Julio Iglesias, las víctimas que cuentan lo sucedido pasan a un segundo plano y siempre van a tener que enfrentar esa cultura de la violación que las desacredita , porque uno de los elementos fundamentales es no creer a las víctimas. Y no podemos obviar que hay una parte de la derecha y de la extrema derecha que sigue negando la violencia contra las mujeres y la violencia sexual. Sigue siendo indignante que eso suceda socialmente en un contexto como el nuestro".