El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea adquiere especial relevancia en un contexto global marcado por el resurgimiento del nacionalismo económico, el uso de aranceles como presión política y una creciente tentación proteccionista. Su alcance es significativo: integra a 31 países, abarca a unos 720 millones de personas y concentra cerca de una cuarta parte de la economía mundial. En un escenario de fragmentación, representa una decisión consciente de apostar por la apertura y la cooperación. El libre comercio no es una consigna abstracta, sino una herramienta concreta para ampliar mercados, reducir barreras, atraer inversión y mejorar la competitividad. El proteccionismo, por el contrario, suele traducirse en mayores costos, menor innovación y economías más cerradas, especialmente perjudiciales para países pequeños y abiertos. Para Panamá, este acuerdo es una señal clara. Su economía depende de la conexión con el mundo. Como plataforma logística, comercial y financiera, el país necesita diversificar relaciones, integrarse a grandes bloques y fortalecer su presencia internacional. En un entorno cambiante, la disciplina en la política comercial, así como en la política económica, son pilares reales de una estrategia de supervivencia, crecimiento y desarrollo.