La infeliz financiación

«¿A quién vas a creer: a mí o a tus propios ojos», preguntaba Groucho Marx en un imposible acomodo al cinismo de las reglas de la lógica. La frase provoca risas, porque está concebida para el humor, pero cuando alguna de sus variables se intenta imponer en la vida real lo que resulta es irritación en quien se ve sometido a semejante trágala.