Napoleón describió el palacio de Fontainebleau como «la verdadera morada de los reyes». En él abdicó en 1814. El recinto, la única residencia por la que pasaron todos los monarcas de Francia desde el siglo XII hasta el XIX, fue declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco hace 45 años. Es como un libro abierto de la historia del país. Enclavado en un impresionante bosque de más de 20.000 hectáreas en el departamento de Sena y Marne, al norte galo, entre los muchos tesoros de su interior están las recargadas decoraciones elegidas por María Antonieta.