Unanimidad sin criterio

No deja de sorprenderme, y no en el buen sentido, cómo una ciudad que durante años ha trabajado con paciencia, criterio y altos estándares culturales, puede encontrarse, de repente, al borde de ejecutar un proyecto que raya en el absurdo más extremo. Me refiero, claro, al intento de instalar en la entrada del Puerto de Málaga un conjunto escultórico monumental de proporciones desmesuradas que, si algo no consigue, es integrarse con elegancia y sentido en el perfil urbano de nuestra ciudad.