De Groenlandia a Rafaella Carrá

Lunes. Me llama un amigo. Cojo. Ya nadie coge los teléfonos. Ni llaman. Preguntan si te pueden llamar. Llamar está considerado un acto invasivo. Qué cosas. Para qué el teléfono entonces. Pues para mirar Instagram, ver vídeos de TikTok y poner mensajes. Me sale una voz como metálica, gutural, cavernosa, de lunes, como de no haber tomado café. A veces sueño que mi voz toma vida propia y se va por ahí sin mí a vivir aventuras. Se va al mundo de las voces, donde seguramente hablaran a voces. Yo, mientras, quedo afónico o mudo y no sé qué hacer y entonces como no puedo hablar, escribo. Y escribo sobre la voz, no a voces. La voz es un buen nombre para un periódico. No para una sección o columna, La voz, ya que sería algo pretencioso, monopolista, como si su autor fuera la única voz, la autorizada o pontificante.