En 1893 con apenas 17 años cumplidos, Jack London se embarcó de grumete en la goleta Sophia Sutherland, que partía a la costa de Japón y comenzó su aventura vital que supo trasladar con maestría a sus relatos y novelas. De hecho nada más regresar de aquel viaje ganó 25 dólares al ser premiado por el San Francisco Morning Call y su concurso de artículos literarios de doscientas palabras, y al que presentó ‘Relato de un tifón en la costa de Japón’. En sus apenas cuarenta años de vida se embarcó en todo tipo de actividades y de todas ellas sacó provecho para historias. Fue marinero, pirata con barco propio, buscador de oro en las tierras de Alaska -escenario de sus mejores historias- y hasta vagabundo. Autodidacta de escasos estudios, London se instruyó asi mismo en las bibliotecas de San Francisco. Eso y su maestría en saber contar historias con pasión y fuerza le llevó a ser un escritor de éxito. Este éxito se debió también al vacío de grandes nombres que en aquel momento padecían las letras norteamericanas, lo que permitió que proliferaran autores populares como él gracias especialmente a sus relatos en las revistas literarias de entonces, muy en boga en aquellos primeros años del pasado siglo. En los casi doscientos cuentos que London escribió durante su vida, aborda una variedad de temas inusitados, muchos de ellos novedosos en su temática como el alcoholismo, las consecuencias de la vejez, el boxeo, la tauromaquia, el trabajo infantil, la ecología, fantasías extraterrestres, el juego, el trabajo en las minas de oro, el amor (tanto el primitivo y atávico como el romántico e ideal), la discapacidad mental, los mitos, la corrupción política, la psicología (humana y animal), la explotación racial y sexual, la revolución, la experimentación científica, la vida de los marinos, el suicidio, la vida en los arrabales, el socialismo, la guerra, la naturaleza y la escritura. A todos ellos les imprimó su pasión por la aventura y su ideario socialista que mantuvo como una constante.