Anglos, Anglos, Sajones, Sajones, todos quieren ser los campeones... Y tanto que lo fueron, al mezclarse entre sí dieron lugar a los Anglosajones, Ango-Saxon en el idioma de Tolkien. Se exprimieron el celebro los gachós poniéndose el nombre. Ese popurrí de pueblos germánicos, junto con otros como los Jutos, vieron en la Gran Bretaña su Costa del Sol del siglo V, y allá que se aposentaron con sus pieles pintadas, su aspecto bárbaro y sus dentaduras incompletas, de la misma guisa que lo han hecho hace cuatro días en nuestra querida costa andaluza. La descendiente de aquellos bárbaros resultó ser Inglaterra, y por extensión los pueblos británicos.