El golpe de timón se ejecutó por sorpresa, en fin de semana y en apenas 24 horas. El Gobierno, que había regresado al accionariado de Telefónica apenas unos meses antes y un cuarto de siglo después de su privatización total, impulsó un relevo exprés al frente de la compañía. Ideado por Moncloa, pero con el aval de los otros grandes accionistas, CriteriaCaixa y Arabia Saudí (todos, los tres, con cerca de un 10% del capital cada uno), se precipitó el cese de José María Álvarez-Pallete y el nombramiento como nuevo presidente de Marc Murtra, que hasta entonces estaba al frente del grupo tecnológico y de defensa Indra, también controlado por la estatal SEPI. Un nuevo liderazgo que luego fue respaldado y legitimado con el apoyo de más del 90% de los socios en la junta de accionistas. Tocaba cambio.