El hospital medieval que velaba por los peregrinos en el Pirineo y aparece en el Códice Calixtino: "Uno de los más importantes de toda la cristiandad"

En lo alto del puerto de Somport, en el Pirineo Aragonés, donde la nieve, el viento y la niebla convertían el viaje en una cuestión de vida o muerte, se levantó uno de los enclaves más extraordinarios de la Edad Media: el Hospital de Santa Cristina de Somport. Su importancia fue tal que el Códice Calixtino, la gran obra del siglo XII dedicada al Camino de Santiago, lo situó al mismo nivel que los hospitales de Jerusalén y del Gran San Bernardo, en los Alpes. “No estamos hablando de una simple iglesia o una hospedería local”, explica el arqueólogo José Luis Ona, director de las excavaciones. “En la Edad Media fue considerado uno de los tres hospitales más importantes de toda la cristiandad, algo que trascendía lo aragonés o lo local para convertirse en un referente europeo”. Ese prestigio quedó reflejado en el lema latino que presidía el altar mayor de su iglesia: Unum Tribus Mundi, “uno de los tres hospitales del mundo”. Una afirmación ambiciosa, pero plenamente justificada por su función, su ubicación estratégica y su papel en el fenómeno jacobeo. El hospital nació a finales del siglo XI y se consolidó en el siglo XII, coincidiendo con el auge del Camino de Santiago, cuando entre 200.000 y 500.000 peregrinos se dirigían cada año a Compostela desde todos los puntos de Europa. Muchos de ellos cruzaban los Pirineos por la Vía Tolosana, la más meridional de las rutas descritas por Aimeric Picaud en el Liber Sancti Iacobi. Desde Arlés y Toulouse, el camino conducía hasta el valle de Aspe y el Somport, donde Santa Cristina ofrecía algo esencial: refugio, comida, descanso y seguridad. “Su importancia deriva directamente de su ubicación”, señala Ona. “Estamos en uno de los pasos más duros del Pirineo, y en el siglo XII el Camino de Santiago ya tenía una dimensión europea enorme. Por eso Santa Cristina fue reconocida como uno de los grandes hospitales del mundo cristiano”. En un entorno donde las ventiscas podían desorientar a los viajeros y provocar muertes por frío o agotamiento, el hospital se convirtió en un auténtico salvavidas para los peregrinos. Lejos de ser un edificio aislado, Santa Cristina fue un complejo monumental formado por iglesia, hospital, monasterio, necrópolis y dependencias auxiliares. Las excavaciones arqueológicas permiten hoy reconstruir su aspecto general. En el centro del conjunto se alza la planta de la iglesia románica (siglos XII-XIII), con ábside semicircular orientado al este. Junto al río se construyó un contrafuerte para evitar grietas estructurales, aún visibles. En el interior se conservan las basas de las columnas que sostenían los arcos, mientras que al exterior se extiende la necrópolis, con tumbas de piedra destinadas a peregrinos y miembros de la comunidad. “El llamado monasterio estaba adosado a la iglesia”, explica Ona, “y en la zona conocida como prado alto se situaba el hospital de peregrinos, que más tarde, antes del siglo XVI, fue ocupado por el mesón”. También existieron el palacio del prior y la ermita de Santa Bárbara, completando un conjunto de enorme complejidad arquitectónica y funcional. El declive del Hospital de Santa Cristina comenzó en el siglo XIV, con disputas internas y la pérdida progresiva de rentas. El relevo de los canónigos agustinos por los dominicos, las guerras en la frontera pirenaica y el desplazamiento del paso principal hacia Roncesvalles restaron protagonismo al Somport. En el siglo XVI, los conflictos entre católicos y hugonotes provocaron el abandono del hospital. Más tarde, un incendio en 1706, los combates de la Guerra de la Independencia en 1808 y la desamortización de 1835 precipitaron su ruina definitiva. “Cuando comenzamos a excavar, prácticamente no se veía nada en superficie”, recuerda Ona. “Todo lo que hoy se contempla es fruto del trabajo arqueológico”. Desde 1987 se han realizado 18 campañas de excavación, que han permitido sacar a la luz más del 50% del yacimiento. “Hemos superado ya el 53-55% de lo conocido”, detalla el arqueólogo, “y eso nos permite identificar claramente la iglesia, el mesón casi completo y empezar ahora una zona fundamental, como es el monasterio y sus bodegas”. El yacimiento, situado en el término municipal de Aísa, cerca de Candanchú, está declarado Bien de Interés Cultural y cuenta con el respaldo del Gobierno de Aragón. Pero el objetivo va más allá de la investigación científica. La puesta en valor del Hospital de Santa Cristina es clave para su futuro. “Si no hay una apuesta por hacerlo visitable y comprensible, la arqueología se queda incompleta”, afirma Ona. En este sentido, el proyecto busca integrar el yacimiento con la urbanización de Candanchú, tradicionalmente ligada al turismo de esquí. “La idea es convertir Santa Cristina en un complemento cultural que permita desestacionalizar el turismo”, explica. Senderos, caminos y espacios ajardinados permitirán conectar las ruinas con la estación, transformando el conjunto en una especie de parque histórico ligado al Camino de Santiago. A pie del Camino y en uno de los grandes pasos pirenaicos, el Hospital de Santa Cristina de Somport vuelve a reclamar su lugar en la historia. No solo como un enclave clave del Aragón medieval, sino como un símbolo del patrimonio común europeo, de la hospitalidad y de la fe que durante siglos movió a miles de personas hacia Santiago. “Estamos ante uno de los grandes hospitales de la cristiandad medieval”, concluye José Luis Ona. “Conocerlo y valorarlo es fundamental para entender nuestra historia y para asegurarle el mejor futuro posible”.