La noche en la que James Cameron se proclamó definitivamente como el “rey del mundo” no estuvo marcada solo por récords y aplausos. Entre bastidores, mientras Titanic arrasaba en la gala de los Premios de la Academia, el cineasta estuvo a punto de protagonizar uno de los episodios más surrealistas —y tensos— de la historia de los Premios Óscar: casi rompe una estatuilla para lanzársela a Harvey Weinstein.