En el marco de la Jornada de la Infancia Misionera, que apoya a 2.600 proyectos en todo el mundo, destaca la labor del misionero español Mario León en el Sahara. Al frente de un centro de día en la ciudad de Dajla, el prefecto apostólico del Sahara Occidental ha transformado la vida de más de ochenta niños y niñas con diversas discapacidades que, en muchos casos, son rechazados socialmente o considerados una carga para sus familias. El centro fue fundado por Mohamad Hadad, un saharaui que tras superar la polio gracias a la ayuda recibida, decidió crear un espacio de atención para los más vulnerables. El proyecto ofrece tratamiento tres veces por semana a menores de hasta 14 años con perfiles muy variados, desde problemas motores a trastornos cognitivos como el autismo. El equipo cuenta con profesionales especializados, incluyendo la única logopeda que atiende a la población civil en toda la ciudad. Para los niños, el centro supone una oportunidad de comunicarse, vivir de manera adaptada e ir al colegio. Para sus familias, "es una ventana de esperanza", explica Mario León en 'Ecclesia es domingo'. En un contexto donde la discapacidad a menudo es vista como un castigo de Dios, el proyecto ofrece un espacio de apoyo y terapia para las madres. "Es un poco también terapia para las madres que se encuentran hablando entre sí", comenta León. El objetivo va más allá de la terapia física o cognitiva; se trata de una "evangelización en el sentido también de que Dios ama a todos, que no castiga a nadie". Este mensaje se transmite a las familias y a los propios niños, buscando un futuro para ellos. Incluso en los casos más graves y crónicos, la misión se centra en "demostrar la compasión y el cariño a niños o niñas que sabemos que no van a salir adelante". Recientemente, el misionero recibió la visita del aventurero Telmo Aldaz Quadra-Salcedo, un encuentro que, según relata, fue enriquecedor para ambos. "Yo creo que los dos disfrutamos y los dos aprendimos", afirma el misionero español. La experiencia le permitió valorar de nuevo su día a día y el lugar donde vive y es feliz, reconociendo que aprendió de la "mirada muy interesante, muy limpia, muy hermosa" del visitante. Para Mario León, su vida no tiene nada de especial. "Para mí, mi vida es muy normal, muy habitual, muy feliz, todo sea dicho", asegura. Sin embargo, el diálogo y las preguntas durante el reportaje le hicieron dar gracias a Dios por lo que vive cada día y por el regalo de su vocación en el Sahara. La labor de la misión no se limita al centro de día. También ayudan a niños de familias migrantes, especialmente a madres que han quedado embarazadas durante su tránsito migratorio. En estas situaciones de gran vulnerabilidad, donde un niño puede estar sin poder ir al colegio o sin la figura paterna, intentan "ofrecer un hogar y una familia y un ambiente donde el niño pueda vivir lo más, un niño posible". La filosofía del misionero se resume en una idea central: "Lo que tenemos que aprender a mirar, lo que yo quiero ver cuando miro a alguien es a la persona, por encima de todo". Esta perspectiva le permite construir puentes en un entorno de mayoría musulmana, donde sus vecinos le aprecian "como un amigo, como uno más", más allá de la diferencia religiosa. Para León, ese es el camino del Evangelio: "todos queremos ser generosos, todos queremos ser buenos, todos queremos compartir".