El fútbol, cuando es fiel a sí mismo, siempre acaba devolviendo lo que quita. Al Cacereño le debía una tarde como la de este domingo. Tardó, dolió y se hizo larga la espera, pero el Príncipe Felipe volvió a celebrar una victoria 231 días después. Y lo hizo a lo grande, con un 2-0 ante el Arenas de Getxo que fue algo más que tres puntos: fue una liberación colectiva.