Organizarse la semana para tomar cinco, seis o más medicamentos es una realidad para miles de personas en España. Según datos del Ministerio de Sanidad, una de cada tres personas mayores de 65 años consume al menos cinco fármacos de forma habitual, lo que se traduce en casi 3,5 millones de personas. En este contexto, los profesionales de la salud observan con preocupación cómo crece un fenómeno paralelo y silencioso: la automedicación. Francisco José Sáez Martínez, responsable del grupo de cronicidad de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, confirma esta tendencia. "Sí, desgraciadamente, es una de las cosas que estamos viendo", señala el experto, quien añade que es frecuente atender a personas que acuden a la consulta "a pedir que les des una medicación que ya han comprado o han tenido", a veces gastando una cantidad de dinero especialmente alta sin una prescripción que la respalde. La costumbre de tomar fármacos sin consultar a un especialista no es inocua. En España, casi cuatro de cada diez ciudadanos consumen medicamentos por iniciativa propia, a menudo por falta de tiempo, por tenerlos a mano o por recomendación de un conocido. Sin embargo, los riesgos asociados son serios y, a menudo, desconocidos por la población. El doctor Sáez Martínez advierte de que esta práctica puede provocar problemas serios, ingresos en el hospital y otro tipo de complicaciones. "Es una medicación que no corresponde y, sin embargo, al tomarlo de manera condicionada, al final, lo que acaban es acogiendo enfermedades o patologías mucho más serias", explica. El verdadero peligro reside en que el fármaco, en lugar de curar, oculte el problema real. Cuando un medicamento alivia un síntoma, como el dolor, se puede caer en la falsa sensación de seguridad de que el problema subyacente ha desaparecido. "En muchas ocasiones está escondiendo lo que de verdad es o favoreciendo que esa enfermedad, al final, en lugar de curarse, esté tapada, aumente, porque llegará a ser mucho más peligrosa de lo que dependía", insiste el especialista. Este enmascaramiento retrasa un diagnóstico correcto y permite que una dolencia potencialmente leve evolucione hacia un cuadro más grave. A pesar de los riesgos, existen situaciones puntuales donde ciertos fármacos de venta libre son una opción. Según el doctor Sáez Martínez, analgésicos como el paracetamol o el ibuprofeno se pueden tomar por cuenta propia, pero siempre "con control y porque sentimos síntomas claros". Un ejemplo sería una torcedura de tobillo: "Iba caminando y de repente me ha doblado el pie y me duele, pues me puedo tomar ese paracetamol", comenta. No obstante, los expertos subrayan que incluso en estos casos no hay que acostumbrarse a consumir medicamentos sin supervisión. La clave es no convertir la excepción en regla. El problema de fondo es la habituación a consumir un fármaco por cuenta propia, lo que puede transformar una enfermedad con una solución sencilla en una con un tratamiento complejo, porque, como recuerdan los médicos, "que el dolor desaparezca no significa que el problema real lo haya hecho también". La principal recomendación de todos los profesionales sanitarios es clara y unánime: hablar siempre con el médico antes de tomar cualquier decisión que afecte a la salud. Los medicamentos más comunes en los botiquines españoles, como los destinados a prevenir la acidez, la hipertensión o el colesterol, requieren un seguimiento profesional. La automedicación puede parecer una solución rápida y cómoda, pero sus consecuencias pueden ser graves y duraderas, convirtiendo un problema menor en una amenaza seria para la salud.