Violencias

La pantalla ha dejado de ser una ventana hacia el mundo para convertirse en un laboratorio de conductas. No es una sospecha moralista; es un hecho clínico. Investigaciones recientes muestran que el consumo de pornografía en las redes (habitualmente machista y con violencia física) actúa como un catalizador de comportamientos de riesgo y agresiones sexuales contra las mujeres. Esto no se queda en el mundo digital: se traslada a la calle y moldea el deseo desde la dominación.