Los lunes no son el mejor día para celebrar un gol. Al revés del mundo, mientras las demás aficiones debaten sobre el rendimiento de sus jugadores y las polémicas arbitrales, hace un tiempo que dos se ven obligadas a esperar. A volver a la oficina, a la obra, al instituto o a la barra de bar sabiendo que hasta esa noche no toca fútbol, tras un largo fin de semana de zapping, de quitarse el mono con el derbi de Manchester, el nuevo capítulo de la telenovela en la que se ha convertido el Real Madrid o, siempre hay algo que merece la pena, obras de arte en forma de gol como el de Dembele con el PSG.