Valencia Basket sufre un apagón y cae ante un poderoso Real Madrid (94-79)

Nunca es sencillo ganarle al Real Madrid, y menos tres veces seguidas. Los valencianos fueron mejores en la final de la Supercopa y en la Euroliga cuando se cruzaron en el Roig Arena. El choque en la capital, en el marco de la ACB, después de que los blancos ganaran el clásico versión continental unos días antes ante el Barça, era de máxima dificultad. Valencia Basket empezó bien, con Reuvers sin complejos ante Tavares, para un 2-9 inicial. Un par de pérdidas tontas le dieron puntos sencillos a los locales, pero seguían con buen ritmo defensivo los taronja y eso les hacía jugar a su marcha ideal. El pero, las baratas tres faltas con las que Sima se tuvo que ir al banquillo nada más entrar. Un triple a la carrera de Thompson tras una buena defensa provocó el tiempo de Scariolo, 6-14, minuto 7. El cuarto de siete lanzados, un 57 por ciento. Nada mal. Pisando la línea enchufó un tiro lejano Darius, con mucho pase extra, y el sexto, de Badio, puso un 6-20. Lo que no esperaba nadie fue el séptimo, otra vez Darius, con nieve, para el 6-23. Más diecisiete. Pronto, pero muy valioso. Se cerró un cuarto perfecto, 9-24. Con estadísticas como el rebote y el triple muy dominados. El primer triple blanco llegó después de nueve intentos. El Madrid es un equipo acostumbrado a jugar a la desesperada y con un plantillón. Eso le posibilita rehacerse de marcadores que otros ni se plantean. Nunca se le puede dar por muerto y menos teniendo a Llull en plantilla. El escolta, con tres triples y once puntos, puso la distancia por debajo de los diez puntos, 32-40, minuto 17. Peligro. La defensa blanca se había endurecido y Llull siempre hace soñar con lo imposible en el Wizink. El parcial de 15-3 lo dejó en cinco, 35-40. Hezonja empató a 40 y Tavares puso la ventaja, 42-40. Se le había apagado la luz a Valencia Basket. Había que encontrar el interruptor en la  habitación oscura. Moore, con un triple, lo hizo mientras Montero habría los brazos como dando las gracias al cielo. 43-43, al descanso. 34 encajados en estos diez minutos y el rebote ya de los de Scariolo, 20-17. Parar y cambiar la inercia era clave a la salida de vestuarios. Montero se empeñó en ello, pero el Madrid podía correr. Entre eso y algunos tiros libres baratos, los blancos estaban cómodos. Alguna falta desesperó a Taylor e incluso vimos resoplar a Pedro Martínez. El arbitraje también entra dentro de los factores de dificultad cuando juegas en el Wizink. Un mate de espaldas de Hezonja, tras un rebote largo, obligó a Valencia Basket a pedir tiempo, 57-51, minuto 24. Nada, Maledon, a tabla, 59-51, y la defensa blanca seguía asfixiando. Hezonja, con dos triples, abrió grieta, 65-51. Doce puntos del croata, una losa. Estaba grogui el conjunto taronja. Llull hizo sangre con uno de sus triples, 72-54, menos 18. el cuarto se cerró, 76-60. 28-14 en canastas en pintura, la mayoría fáciles para los blancos. La defensa debía volver. Pero para eso había que creer y eso costaba. Lyles puso, desde el 6'75, un 82-62 que torturaba aún más las cabezas valencianas. Aún así, se volvió a tirar de orgullo, y Pradilla, en una transición, de las pocas, rebajó al 82-70. Podrían haber pitado falta adicional, pero no. El final fue de intentar maquillar la superioridad del Madrid. La buena racha fue demasiado pronto. La mala, demasiado larga. A pensar en el martes, un choque clave para el futuro en la Euroliga.