El Celta es ahora mismo un estado de gracia en sí mismo. Un mundo de fantasía hecho equipo en el que todo funciona: dentro y fuera del campo. El conjunto vigués sumó ayer su tercera victoria consecutiva (acumula dieciséis de los últimos dieciocho puntos en juego) para engancharse en el tren de los equipos que pelearán por Europa y abrir un abismo con el grupo de perseguidores que ahora se quedan a ocho puntos. El Rayo Vallecano, la “kryptonita de Claudio", fue su última víctima en un duelo en el que los celestes mantuvieron la seguridad defensiva de los últimos meses y añadieron en ataque la precisión justa para romper a la defensa madrileña.