Fallece Angelo Gugel, el fiel mayordomo de Juan Pablo II

El Vaticano ha dado el último adiós a uno de los últimos testigos de la vida privada de Juan Pablo II , su mayordomo Angelo Gugel , fallecido a los 90 años. El «asistente de cámara» era mucho más que el responsable de su servicio doméstico, pues no se separaba del Papa y formaba parte de la «familia pontificia». El 13 de mayo de 1981, cuando el terrorista Ali Agca disparó contra Juan Pablo II, tuvo el reflejo de sostenerlo para que no cayera y su traje oscuro quedó manchado con la sangre del Pontífice. Entre sonrisas, en la única entrevista que concedió, recordaba que una vez perdió la llave del Apartamento Pontificio. Nacido en 1936 en Miane (Treviso), en el norte de Italia, Gugel ingresó en el seminario aunque lo abandonó dos años después. Estaba destinado a ser campesino, pero a los 19 años un amigo de la familia consiguió que lo admitieran en el Vaticano como «guardia palatino» . Al llegar a Roma descubrió que se trataba de un cargo honorífico no remunerado, pero se apiadaron de él y lo hicieron gendarme pontificio. Trabajó para Pío XII , Juan XXIII y Pablo V I. Tuvo que cambiar de empleo tras una larga tuberculosis, y pasó a la Gobernación del Estado Ciudad del Vaticano. En Roma conoció al entonces obispo de Vittorio Veneto, Albino Luciani , quien durante el Concilio Vaticano II le pidió varias veces que le llevara en coche a encuentros en la Ciudad Eterna. En el verano de 1978, cuando la fumata blanca anunció que Luciani era el nuevo Papa y que se llamaría Juan Pablo I, él estaba de vacaciones en Miane. Ocho días más tarde, el comisario de la gendarmería vaticana llamó a un convento de la zona y dejó un mensaje urgente: «Digan a Gugel que vuelva inmediatamente a Roma y que se traiga un traje negro». Vivió de cerca aquel pontificado de 33 días , y asegura que la víspera de su muerte, Juan Pablo I ya no se encontraba bien y él mismo le llevó su medicina. Durante la sede vacante volvió a trabajar en la Gobernación, pero dos días después de la elección de Juan Pablo II recibió otra orden: «El señor Gugel debe presentarse inmediatamente en el apartamento privado del Papa; que acuda tal y como esté vestido». Bromeaba con que, al llegar, sólo encontró sacerdotes polacos y él era el único que hablaba italiano. Juan Pablo II le pidió entre otras cosas que le corrigiera el italiano y Gugel, muy exigente, se lo tomó tan en serio que no le dejaba pasar ni una. Desde el principio, Wojtyla le leía en voz alta los discursos importantes y él le corregía acentos y pronunciación. Lo acompañó en vacaciones y en todos sus viajes. Durante un paseo clandestino por una playa de Roma extravió la llave del ascensor que conduce directamente al apartamento papal. «Lo increíble es que, cuando volvimos al mar quince días después, la encontré allí mismo», aseguró en 2018 en la entrevista al Corriere della Sera. El día del atentado en San Pedro que hirió de bala al Papa, impidió que Karol Wojtyla se desplomara, lo sentó y le sostuvo la cabeza. Antes de morir, Juan Pablo II quiso despedirse de él y de su mujer para agradecerles su servicio. Este sábado, el Papa León XIV envió un telegrama para su funeral, celebrado por el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin en una parroquia romana. «Cuando ha llegado al Cielo, habrá salido a recibirle Juan Pablo II», afirmó convencido en la homilía.