Los familiares y amigos de los desaparecidos aguardan información tras el accidente ferroviario de alta velocidad más grave de la historia de España Accidente entre dos trenes en Adamuz Han llegado desde Marbella (Málaga) hasta Adamuz (Córdoba). Desde poco después de las siete de la tarde no saben nada de su hermana. Y. se había subido al tren Iryo en Málaga, en dirección a Madrid. “Solo sabemos que iba en el coche ocho”, le preguntan a los voluntarios que inundan la caseta municipal de Adamuz. Llaman al teléfono móvil de Y. y no contesta. Rebuscan entre los objetos que van llegando a Adamuz procedentes del accidente ferroviario más trágico de la historia de la alta velocidad en España. Se van acumulando. Nada. Hay varios teléfonos móviles. Ninguno es el de su hermana. El coche 8 del tren Iryo es el que se ha llevado la peor parte en este tremendo accidente. En su interior viajaban personas que han sobrevivido, pero también otras que han sufrido heridas muy graves o que han fallecido. Este vagón volcó tras el descarrilamiento. Los supervivientes lograron romper una ventanilla y escapar de un interior humeante, donde había muchos heridos. Las voluntarias de Adamuz saben que en el vagón en el que viajaba la hermana de la familia de Marbella ha habido víctimas. No lo dicen. Las acompañan junto al equipo de psicólogos y el resto de familiares que espera noticias. La noche en Adamuz es muy cerrada y el frío, intenso. Apenas se alcanzan los 2 ºC. En el exterior, las extremedides se entumecen. Las familias a veces tienen reencuentros. Como el de un joven de nacionalidad rumana. En el momento del accidente iba realizando una videollamada con su familia. El teléfono salió disparado. Han sido varias horas de angustia hasta que finalmente la familia ha sabido que estaba bien. Que había sobrevivido al accidente. Poco a poco, se va apagando el ruido en Adamuz. Han sido unas horas estridentes. Un enorme despliegue de emergencias ha convertido sus curveantes y estrechas carreteras en una auténtica caravana de luces centelleantes y sirenas. Ambulancias de toda Andalucía han acudido a la llamada del accidente para evacuar a los heridos. Columnas de coches de guardias civiles, de bomberos, de policías locales y de miembros de Protección Civil han transformado el pueblo. En un primer momento, se centralizó la llegada de supervivientes en la Caseta Municipal de Adamuz. Los voluntarios transformaron un lugar de diversión en un hospital de campaña. Mantas, agua, comida y hasta estufas inundaron la zona mientras llegaban los heridos menos graves. Supervivientes en estado de shock y hasta personas que no sabían nada de los familiares con los que viajaban recibían allí los primeros auxilios. Varios autobuses fueron vaciando la zona. Trasladaban a los heridos y supervivientes a Madrid, a Córdoba, a Huelva o a Málaga. Conforme se vaciaba la Caseta Municipal el ruido inicial se convertía en silencio. Tras la evacuación de centenares de personas, los equipos de emergencias se centraban en los fallecidos y en sus familias, que vivían la noche más larga. A unos seis kilómetros, decenas de rescatistas trataban de excarcelar los cuerpos de las víctimas. En Adamuz, hay gritos que rompen ese silencio.